jueves, 9 de marzo de 2017

El escaparate


Tarde de domingo lluviosa. Ideal para salir a pasear un poco y despejarme después de todo el fin de semana encerrada trabajando en casa. Me puse el chubasquero y las botas desoyendo los augurios de que la mojadura iba a acarrearme un resfriado. Poco tráfico y las calles prácticamente desiertas, fue lo que me encontré al llegar a la avenida que sale de la ciudad. O entra, según se mire. La llovizna me hizo ralentizar el paso, ensimismada observando su suave manera de empapar el asfalto, imperceptible apenas en los charcos. Diminutas gotas perlaban los mechones de mi melena que sobresalían de la capucha, ni me molesté en recogerme el pelo, deleitándome con la sensación de humedad que embriagaba el ambiente.

Fue entonces cuando reparé en el escaparate. No suelo hacerlo, prefiero dirigir la vista al horizonte, escrutando las nubes entre los altos de los edificios. Tan sólo un instante posé la vista en él, y una sonrisa afloró a mis labios inconscientemente. Avancé rápido, por no perturbar el momento. A sabiendas de que si llego a detenerme a mirarlos interrumpiría la escena a la que asistí. En una tienda de muebles, cerrada al ser día festivo, un par de jóvenes charlaban animadamente sentados en el sofá que presidía la vitrina más visible para los transeúntes. En un principio me reí, me pareció simpática la situación. Pero poco a poco, casi sin querer, empecé a elucubrar.

Podrían ser dos hermanos que habían acompañado a sus padres a recoger algo olvidado en la trastienda. Podría ser una opción plausible, sí. Ahora bien, su complicidad no me pareció muy fraternal que digamos. Al contrario, precisamente eso fue lo que me hizo apresurar el paso para no inmiscuirme en su intimidad. La chica le sonrió pícaramente tras terminar su frase, haciendo ademán de lanzarle uno de los cojines que sostenía en la mano, mientras el chico se abrazaba a otro sosteniéndole la mirada, sin poder evitar reírse a carcajadas. Novios. Tienen que ser novios. 


Pero, ¿qué hacen un par de novios en una tienda cerrada un domingo por la tarde? Para hablar podrían estar haciéndolo tranquilamente en cualquier cafetería, ya que en un parque con este día imposible. Podrían, sí. Bueno, aunque también estar sentados en un banco bajo un paraguas muy juntitos para no mojarse, es otra opción más que plausible e infinitamente más romántica que las dos anteriores. Un perro me adelanta y se gira para mirarme, ladea la cabeza en señal de duda y le doy la razón. Podrían serlo, sí, pero algo me dice que tampoco son novios. La intervención del chucho me hace caer en la cuenta de que estoy más lejos de lo que contaba. Decido dar media vuelta para que no se me haga muy de noche para regresar a casa.

Entonces caigo en ello, sin más. ¡Claro! ¿Cómo se me habrá podido pasar por alto? La lluvia arrecia y decido detenerme bajo un soportal a esperar que amaine, aprovechando de paso para rememorar con calma sus gestos. Fue tan rápido que por eso he tardado tanto en llegar a semejante conclusión. Son amantes. Mantenían una cierta separación entre ellos, sentados uno en cada extremo. Algo que por descontado no harían dos novios, ni siquiera si no lo fuesen todavía. Porque si se tratase de una primera cita, tratarían a toda costa de acortar distancias para provocar un roce involuntario que propiciase otro ya intencionado. Amantes, por supuesto.

Algunas personas pasan por mi lado y se apiadan de mi falta de paraguas protegidos bajo los suyos. Mi sonrisa de oreja a oreja los desconcierta tanto como el hecho de verme allí de pie con la mirada perdida. Amantes. Eso es. Su deseo contenido los delata. Sus manos ocupadas con los cojines para evitar tocarse el uno al otro. Su mutuo entendimiento más allá de la conversación que los ocupa en ese momento, ininteligible a través del cristal que los separa del mundo. Igual que yo, a la vista de todos en plena calle sin que imaginen siquiera lo que está pasando por mi mente en ese momento. Desde luego ninguna preocupación por mojarme, más bien todo lo contrario.

La cortina de agua no tiene la más mínima intención de cesar, por lo que sigo mi camino en vista de que comienza a oscurecer. Bonita tarde, a pesar de todo. El cielo cambia de color tenuemente y algunas lámparas comienzan a perturbar la naturalidad con que todo se cubre de sombras. Brillante. Se me antoja que es la idea de encontrarse en un sitio público. Es un plan maestro, a decir verdad. ¿Qué mejor lugar para pasar desapercibidos que en pleno centro? ¿Qué sitio más expuesto que un escaparate? Fui cavilando en la genialidad de su estrategia, dirigiéndome sonriendo divertida hacia el lugar de los hechos. Y una sensación contradictoria se apoderó de mí al llegar.


Ya no están, pienso decepcionada. Las luces del escaparate encendidas destacan el sofá en primer término, los cojines mimosamente colocados sin mostrar ningún indicio de lo que ha sucedido momentos antes. El muestrario de los diversos tejidos que se pueden escoger para la tapicería en un lateral, me pareció tan triste como haberme retrasado. Yo que quería comprobar que no me había equivocado, que mis conjeturas no son simplemente eso, sino que están fundadas en mi experiencia como observadora sagaz que es capaz de sacar conclusiones de cada milésima de segundo que los tuve ante mis propios ojos...

Ya no están, pienso aliviada. No haber dejado rastro de su presencia me hace dudar durante un instante de que los haya visto. Pero no. Son buenos. Muy buenos escabulléndose. Y la alegría de saber que no los han descubierto me obliga a sonreír de nuevo como una tonta. Quizás sólo yo he sido testigo de ese fugaz encuentro. Quizás. Nadie repararía en ellos una tarde como esta. La gente anda con prisa cuando llueve, apremiada por evitar a toda costa lo inevitable. La lluvia moja, y en cambio a mí me encanta mojarme. Por eso camino despacio dejándome empapar sin importarme en absoluto el peso que voy sintiendo en mi ropa al andar, y por eso mismo tal vez fui la única espectadora que advirtió su presencia. Ellos llevaron a cabo su ritual conscientes de que podrían verlos, y yo traté de esconder que los había cogido in fraganti. Su secreto está a buen recaudo conmigo. No teman. Una furtiva mirada me bastó para reconocer sus intenciones. Y sé que son buenas.  

by Eva Loureiro Vilarelhe

8 comentarios:

  1. Hola Eva, precioso relato. La lectura del mismo ha sido como un suspiro, en el sentido de que se me ha hecho corto. Me imaginaba que era la protagonista deambulando por esas calles mientras la lluvia caía y me mojaba. Y ese sobresalto que es descubrir algo que supuestamente está fuera de lugar y por ser tan evidente seguramente pasará desapercibido. ¿En qué pensaría esa pareja mientras se miraba el uno al otro y dónde acabarían después? Magnífico, enhorabuena.
    Un abrazo.

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    1. Muchísimas gracias, Ziortza por tus amables palabras. Eso mismo me pregunto yo, cómo acabaría la historia... pero lo importante es que ese momento mágico es irrepetible. Me alegro de que te haya gustado. Un abrazo, guapa ;)

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  2. Es como en la magia, cuanto más enseñes menos ve el público, ... jajaja
    Magnífico relato Eva!

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    1. Tienes razón, Baile, jajaja. Muchas gracias por pasarte y dejar un comentario, me alegro de que te haya gustado. Un saludo

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  3. Es lo que tiene escribir, que uno va buscando historias por todas partes, incluso sin querer. Muy tierno el relato.
    Es mi primera visita y me gusta lo que leo, así que me quedo a seguirte.
    ¡Un abrazo!

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    1. ¡Bienvenida, Cyn! Espero que mis relatos continúen siendo merecedores de tu atención, me alegro de que te haya gustado tanto como para dejarme un comentario tan amable. Un placer, de verdad. ¡Otro abrazo!

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  4. Hola Eva
    Tu relato me ha llevado a ver ese escaparate y a aquellos que se muestran igual escondiéndose, todo salpicado por esa lluvia que cae mientras la imaginación intenta adivinar qué hacían allí, quiénes eran.
    Me has hecho pensar que a aquellos a los que nos fascina escribir siempre acabamos mirando un poco distinto, algo o alguien llama nuestra atención, por lo que sea y de allí se dispara la imaginación y se crea ese mundo y una historia que se necesita compartir.
    Un abrazo

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  5. Estoy completamente de acuerdo contigo, Conxita. Era precisamente eso lo que quería transmitir, que hasta las cosas más triviales pueden ser vistas de forma diferente dependiendo de quién las mire. Muchas gracias y un abrazo.

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