jueves, 2 de marzo de 2017

Petricor


Salí de la tienda en cuanto mamá me lo insinuó. Bueno, en realidad aprovechó un momento en que Lidia se metió en el probador para decírmelo claramente: “Será mejor que te de un poco el aire, te llamo en cuanto acabemos... No, no, ya volverás cuando te apetezca. La cena es a las nueve y media, ¿sabes llegar, no?” Asentí y corrí hacia el metro. El estanque del Retiro se me antojó lo más parecido al mar que podía encontrar a menos de casi cuatrocientos kilómetros y allá me fui, maldiciendo a mi hermana por el camino. Nada más alcanzar la superficie comenzó a llover y sonreí. Petricor. Jamás olvidaré esa palabra. Ni su sonrisa. 

Lidia se casa la semana que viene. Fuimos a hacer la última prueba del vestido de novia, está guapísima, y tan orgullosa de sí misma como siempre. Como me lleva dos años ejerce con pleno derecho de hermana mayor, aunque dudo que cambiara algo haber nacido yo antes. Es cuestión de carácter, y las dos tenemos bastante. Por eso chocamos tanto, y porque somos como el día y la noche. No creo que ame a David, como mucho lo quiere, pero por lo que es, o más bien, por lo que representa y tiene. Un buen trabajo remunerado con creces, una familia de posición acomodada y con solera, y un refugio en Baqueira Beret para ir a esquiar cuando le apetezca. 

En realidad no es el más guapo de sus novios, ni siquiera el más rico, pero es el elegido. Se encaprichó de él hace un par de veranos y en nada será su marido. Por eso se mete conmigo, porque a mí me ha dejado el que se suponía que vendría conmigo al enlace. Igual que aquel día. La víspera de mi 19 cumpleaños nos peleamos por lo mismo. El primer chico al que pude denominar novio, ya que estuvo conmigo tres meses, instauró un récord difícil de batir. Mi lista de los como-mucho-una-semana seguirá creciendo, puesto que Marcos me dejó ayer tras mes y medio de relación.

La víspera de aquel fatídico cumpleaños, Lidia se mofó de que Raúl se hubiese liado con otra justo la noche que salimos a celebrarlo antes de tiempo, porque no sabía si podría estar conmigo el 7 de septiembre y, por supuesto, ya no llegamos a estarlo. Nos quedábamos todos los veranos en la casa que nuestros abuelos maternos tienen junto a la playa, y se pasó de la raya una vez que estuvimos solas en el cuarto que compartíamos con los primos. Los demás andaban por fuera y me largué dando un portazo por no gritarle lo que pensaba de ella y del pijo de su novio de aquella época. Asco me daba verlos comiéndose la boca y metiéndose mano delante de todo el mundo.

Mamá me hizo dar media vuelta en el porche. “Coge un chubasquero, parece que va a llover, y el viento está del nordeste.” Le obedecí de inmediato, pese a que resultaba un poco ridículo que me lo pusiera llevando shorts, camiseta y chanclas. Pero a ella jamás le llevo la contraria. No le gusta discutir, igual que a mí, y prefiere callarse y esperar a que se nos pase. La única diferencia es que yo también salí a mi padre, y el genio me hace decir cosas de las que después me arrepiento. Y así estoy, peleándome con papá y Lidia desde que tengo memoria. Me sorprende que me conozca tan bien, sabía perfectamente qué había pasado sin preguntar siquiera, igual que conocía mi destino, por eso me advirtió de dónde venía el viento. El acantilado puede convertirse en una trampa mortal, si no te resguardas caes al vacío en un abrir y cerrar de ojos. 


Cuando me senté en mi escondite secreto me alegré de haberle hecho caso. Las ráfagas resultaban desagradables incluso desde el refugio natural que me concedía la roca excavada por lel azote de las olas, y me puse la capucha para proteger los oídos. Lo peor ya había pasado. Mis ataques de rabia duran poco, como mucho un cuarto de  hora, soy de carácter apacible, lo que pasa es que mi hermana tiene un máster en sacarme de quicio. La marea estaba baja y se veían privilegiados surfistas disfrutando del mar, mientras los escasos bañistas se aguantaban en la arena al estar bandera roja. Las nubes comenzaron a cubrir el sol que brillaba desde por la mañana y, tal y como ella predijo, comenzó a llover.   

“Me encanta cómo huele cuando empiezan a caer las primeras gotas”, musité en alto para mí misma, y me sobresaltó que alguien me respondiese. “Se llama petricor” Miré a mi alrededor sorprendida. Estaba completamente sola, me aseguré de que así fuese antes de sentarme. “¿Cómo?”, pregunté sin saber quién me hablaba. De repente asomó la cabeza entre las piedras. “Al olor de la lluvia sobre terreno seco, digo, se le llama petricor.” Venía cargando con un par de trozos de lo que hasta hace poco había sido una tabla en condiciones y lo miré asombrada. Descalzo, ascendiendo por el acantilado, tenía sangre en los pies y una pequeña brecha cerca de una ceja. Dejó los restos de fibra a mi lado para que no se los llevase el viento y se acomodó junto a ellos después de bajar el neopreno hasta la cintura.

Tendría treinta y pocos, a juzgar por las marcadas líneas de expresión y las escasas canas del pelo revuelto. No me pareció muy guapo, pero su sonrisa me dejó sin palabras. Además de su torso desnudo, claro. Es de lo más sexy que he visto jamás. Un surfista con el traje a medio poner o sacar, permitiendo entrever lo que se avecina al final de la espalda o de su tableta de chocolate. Sí. Tengo que reconocer que al acantilado no iba sólo a mirar cómo rompían las olas. “Eres de aquí, ¿no? Ya te he visto más veces, buen sitio para protegerse. Chica lista.” Ni articular media palabra pude, y seguí mirándolo perpleja. “¿Un mal día?” Me ruboricé la pensar en lo observador que era, y al seguir sin responderle se rio. “¿No sabes hablar o es que te ha comido la lengua el gato?” 

“Mi novio me ha dejado”, solté sin pensar limpiándome las lágrimas. “¡Pues él se lo pierde!”, exclamó convencido y sonreí por primera vez en todo el día. “¡Es verdad! Mira, eso de petricor tuve que buscarlo, ¿sabes? Por culpa de una novia de esas cultas, la única, la verdad, todavía no entiendo cómo me hizo caso,” se rio y lo imité, “bueno, pues a ella también le gustaba mucho ese olor y busqué el nombre para impresionarla. No creas que funcionó, al menos no demasiado tiempo, ya que me dejó. Aquello me marcó. Cada vez que llueve y huele así me pongo sentimental. No, no es eso, ¿cómo se dice?” “Melancólico”, intervine sin poder apartar la vista de él mientras me explicaba todo aquello. “¡Exacto! Me pongo melancólico, porque en realidad fue la primera chica que me dejó. La única. De las demás procuro deshacerme antes de que se cansen de mí.” Se rio otra vez, contagiándome de nuevo. “Hazme caso,” dijo a continuación poniéndose un poco más serio, “no permitas que te afecte demasiado. Todavía eres una cría, pero ya lo entenderás.” “¡Mañana cumplo 19!”, exclamé toda ofendida y le dio la risa. “Pues no los aparentas, de verdad, con esa cara de niña buena...” Miré al suelo compungida, porque Raúl me había dicho algo parecido, ¿por qué a los chicos les tendrán que gustar más las que van de mujer fatal como mi hermana?

Entonces sentí sus dedos bajo mi barbilla, me irguió el mentón para verme la cara y sonrió. Tenía sus ojos clavados en los míos, pero fue su preciosa sonrisa la que me cautivó. “Acabas de salir del cascarón, como quien dice, y ya sabes lo que es sufrir. Sólo espero que la próxima vez tengas más suerte, y si no es así, piensa que en el fondo es lo mejor, porque no era él, ¿entiendes? Un día aparecerá. Justo en el momento adecuado. Y lo sabrás.” El relámpago me sobresaltó nublándome la vista durante un instante. Ni siquiera escuché los truenos, hipnotizada como estaba por sus palabras. “Será mejor que vuelvas a casa,” comentó incorporándose, “yo ya lo estoy, pero a este paso tú acabarás empapada...” Las gotas repiqueteaban con fuerza sobre los despojos de su tabla y obedecí en el acto, esbozó una sonrisa a modo de despedida y ya fui incapaz de decir nada. Levanté el brazo como una niña pequeña tras girarme para comprobar que aquel encuentro había sido real, y meneó el pulgar y el meñique de su mano libre sonriendo. Continué caminando como un cangrejo para verlo echarse hacia atrás el pelo que casi le tapaba los ojos, y esa imagen se me quedó grabada.   


La lluvia embarraba ya el camino de tierra junto a la antigua casa de las fieras, ni me había molestado en coger el paraguas que me ofreció mamá antes de salir. “Prefiero mojarme, incluso en el frío invierno de Madrid”, le dije cambiando de tema para intentar controlar mi ira y no insistió, imagino que vería el humo que brotaba de mis orejas y me dejó marchar antes de que saliese mi hermana del probador. Lidia, Lidia, Lidia. Por favor, cada vez que pienso en cómo me trata me pongo mala. Y lo que más me molesta es que sé que me quiere. Entre otras cosas porque generalmente es ella la que me presenta a los impresentables que tiene por amigos a ver si alguno pica y se queda conmigo. Pero no. Tampoco es que esté desesperada. Lo que pasa es que odio ir a las bodas sola. Porque siempre me atacan por ahí. “Y tú, ¿cuándo piensas echarte un novio como es debido, Marta?”, tengo que aguantar que me digan una y otra vez mis tías. Y por desgracia tengo unas cuantas. En fin. Paciencia. 

El lago estaba desierto y me quedé ensimismada durante un buen rato observando los círculos concéntricos que se forman al caer las gotas sobre su superficie. Por eso me sobresalté al escuchar a mi espalda, “Deberías haber ido al Wave Garden, aquí no hay olas”. No puede ser. No puede ser que sea él. Y en cuanto me giré su sonrisa me recibió con la misma calidez de aquella tarde. “¿Un mal día?”, preguntó limpiándome las lágrimas él mismo, y el corazón acabó de desbocárseme por completo. “Petricor”, conseguí susurrar mientras me deleitaba sintiendo sus dedos acariciando mi piel. “¿Cómo?”, preguntó quizá porque no llegó a oírme, al instante debió de caer en la cuenta y su maravillosa sonrisa se ensanchó. “Carlos”, me llamo Carlos, ¿y tú?”.

  by Eva Loureiro Vilarelhe

12 comentarios:

  1. Hermoso relato Eva, has ido trenzando las dos historias de un modo fantástico. Te felicito!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias por leerme y dejar tan amable comentario. ¡Un abrazo!

      Eliminar
  2. Hola Eva, precioso relato de amor en dos tiempos (aunque me ha quedado la duda en algún momento de si el personaje del chico es real o es su imaginación la que se lo inventa ). Me ha gustado mucho el modo en que has tratado la relación entre hermanos, hermanas en este caso, y los piques que suele haber en cuanto a los chicos. También está muy bien reflejada esa obsesión por familiares y amigos por encontrarnos pareja siempre, cuando en realidad llega cuando llega. Precioso el final.
    Enhorabuena y ¡un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, Ziortza. La verdad es que aparte de la historia de amor, me he centrado en tratar precisamente esas relaciones familiares a veces complicadas por los carácteres que chocan. Y sí, es real, ya que la reconoce en el Retiro, lo que sucede es que llega a creer que sus ojos la engañan... ¡Gracias una vez más y un abrazo!

      Eliminar
  3. Hola Eva, voy caminando, encuentro palabras, descifro sus sentidos, nunca sus sentimientos, advientos de nostalgías caen enre tus letras, al menos eso interpreto, las hojas nos marcaran el otoño..
    Aquí me quedo, me gustó..
    Gracias, buena atrde, besos de agua..

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bienvenido Don Vito y muchas gracias por dejar un comentario tan evocador. Me beberé a tu salud esos besos ;)

      Eliminar
  4. Fantástico Eva!! Sin palabras para describir lo que siento. Solo fluye sentimiento al leer tu relato. Gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti, María, por tus preciosas palabras. Un beso

      Eliminar
  5. Excelente relato, Eva. Me ha encantado, otra vez debo decirlo, el modo en que narras. El interés empieza desde el comienzo y con esa intensidad y ritmo suave el lector va paladeando los sucesivos estadios de la trama. Ahora advierto la estrategia que tienes para utilizar las citas textuales y no los diálogos. De este modo suavizas más aún tu prosa cautelosa porque todo sigue en manos del narrador. Pero es solo una decisión estética puesta al servicio del relato. En todo caso, lo más importante es que toda la orquesta suena en el mismo tono para dar marco al argumento que se centra en las relaciones entre ambas hermanas y la relación con Carlos. La voz que cuenta, el personaje principal, Marta, es el común denominador entre las dos historias. Es envidiable cómo nos muestras las tribulaciones de Marta que mucho tienen que ver con la relación con su hermana Lidia, y es envidiable además cómo enhebras la aparición de Carlos en los dos escenarios, apoyándote en los fracasos sucesivos de los noviazgos para el primer contacto en la playa y luego en el deslumbramiento por la aparición del joven en el Estanque Grande del Retiro para dar la estocada final con que llegas al desenlace. Una joya Eva. Mis felicitaciones.
    Un beso.
    Ariel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ariel, una vez más debo reconocer que tus palabras me abruman... Sólo puedo agradecer que me leas, y que en cada ocasión dejes un comentario como éste es un verdadero privilegio. Una joya es tenerte por lector (atento e incansable en tu caso), y no me cansaré de darte las gracias por ello.
      Un beso enorme.
      Eva

      Eliminar
  6. María José López Venancio6 de marzo de 2017, 19:51

    Gracias por compartir otro relato más. Como ya te comenté, me encanta como escribes porque haces que no pueda dejar de leer hasta llegar al desenlace.
    Describes de una manera tan prodigiosa los ambientes y las relaciones que haces que me sienta testigo mudo de cada historia, como si realmente estuviera presente en cada una de las escenas.
    El final de la historia me ha gustado mucho pues es el cierre perfecto a ese primer encuentro fortuito pero imborrable en la memoria de Marta.
    Mis más sincera enhorabuena, Eva!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, María José. Comentarios como el tuyo hacen que merezca la pena todo el esfuerzo, de verdad. Es un gran estímulo para continuar haciendo lo que más me gusta, y si aun encima alguien disfruta de ello y me lo dice de una forma tan cariñosa como tú... pues ni te imaginas la ilusión que me hace. Te estoy enormemente agradecida por leerme y tener la amabilidad de decirme lo que sientes al hacerlo. ¡Un abrazo!

      Eliminar