jueves, 6 de abril de 2017

La manzana del pensador


Me lancé todo lo rápido que pude sobre el plato y le arrebaté la galleta en un abrir y cerrar de ojos delante de sus narices. Se enfurruñó cruzando los brazos sobre el pecho y me dio la risa. “¡No es justo! ¡Es mi merienda!” Antes de metérmela entera en la boca le miré a la cara y claudiqué. Es que cuando se le nota que está a punto de echarse a llorar me derrito, en el fondo sigue siendo un crío, por mucho que hace poco cumpliera los diez. Mamá lo mima demasiado, le da a él siempre las mejores galletas de chocolate, y a mí me da una envidia que no veas. “Coge una manzana si tienes hambre, que él come mucha más fruta que tú”, suele decirme cuando me quejo. Por una vez le hice caso, le devolví la galleta sin rozarla siquiera y me dirigí al frutero refunfuñando: “Está bien, hoy te salvas, pero mañana o me guardas una para mí sin que se entere mamá, o sino después te robo yo las que me dé la gana.”

Pablo me ofreció la mitad sonriendo y la acepté de buen grado, acariciándole el pelo revuelto. “¿No tenías deberes?”, le pregunté con la boca llena. “¿Y tú no tendrías que estar estudiando?” “Ahí le has dado, chaval, ahora mismo me pongo, he salido del agujero para tomarme un respiro.” “Yaaaa”, comentó en tono sarcástico y le di una colleja. “Es verdad, enano, ¿tú qué te crees? ¡Ya te gustaría a ti sacar mis notas cuando hagas Bachillerato!” “¡Mejores que las tuyas serán las mías, ya lo verás!” Ojalá, pensé para mí. Por ese tema no hay discusiones en casa, me dedico a lo que debo, estudiar y punto. Por otras cosas sí que las hay, y con razón, porque es cierto que a veces me paso jugando con la Play, o con la factura del móvil, o me quedo hasta más tarde de lo que debería después de entrenar. Pero bueno, aparte de eso, nuestros padres no tienen queja sobre mí. Al contrario, le dicen que tiene que seguir mi ejemplo, porque evito soltar tacos delante de él, y en cuanto a los estudios se refiere, por supuesto, es lo único que tengo clarísimo. Quiero estudiar medicina y como no me ponga las pilas no paso la nota de corte. 

Pero hoy no estoy lo suficientemente concentrado para estudiar, ni mucho menos. Salí de la cocina ensimismado, dejándolo enredando con sus figuritas de Pokémon. Abrí la puerta corredera del salón para sentarme en la terraza, mirando al mar. Todavía hace bastante fresco como para estar a gusto en camiseta, pero no me apetecía ir a por el jersey a mi habitación. Froté la manzana con la mano acomodándome sobre el respaldo del banco, con los pies sobre el asiento. Me saqué los New Balance por no tener que aguantar después a mi padre, es el encargado de tener todo impoluto y si ve una mota de polvo se pone de los nervios, o mejor dicho, me pone a mí de los nervios con los alaridos que me pega. ¿Por qué tendré yo siempre la culpa cuando aparece tierra por algún sitio? ¿Porque no ando por casa todo el día en calcetines de esos tan hortera que le ponen a mi hermano? En fin. Por no escucharlo, antes me quedo con los pies congelados. Entonces me vi reflejado en el cristal del ventanal y me entró la risa otra vez. Parezco el pensador así sentado, de no ser por la manzana. La miré fijamente y le di un mordisco. Pues al pensador ése le haría falta una buena manzana, para no parecer tan imbécil. La manzana del pensador. Eso.


Me fijé en las olas a lo lejos y no conseguí el efecto deseado. La cabeza me va a estallar. Generalmente me relaja ver cómo revientan en la orilla, pero hoy no hay manera. Y todo por culpa de Fran. Menudo capullo. Si mi mejor amigo me hace esto, ¿qué puedo esperar de los demás? La verdad es que no empezó él. Fue Mateo. Sabe de sobras que me gusta Mónica y se metió conmigo al verla pasar. Ni caso me hace, claro, está liada con un tío mayor, de segundo de Derecho, creo. Aparte de que es demasiado para mí. O para cualquiera. Además a mí en realidad no es que me guste, es que estoy loco por ella. Pero no por lo que todos creen. No es por lo guapa que es, ni por lo buena que está y todo eso. No. Es que la adoro desde que la conocí. Por su manera de hablar, de moverse, hasta de gesticular, y por su forma de ser, sobre todo por su forma de ser, porque aun encima de estar buena, es superbuena. Coincidimos en un curso de fotografía al que me apunté porque mamá insistió tanto que preferí ir para no aguantarla dándome la paliza, y lo cierto es que a partir de ese día empecé a hacer más caso a las cosas que me dice mi madre. Por su culpa conocí al amor de mi vida, tengo que agradecérselo de alguna manera. Ahora cuando me riñe agacho las orejas y le digo: “Sí, mamá”, para que se ponga contenta, y de paso me deje en paz, claro. 

Es un amor imposible. Eso fijo. No existo para ella. Yo en cambio le doy cada día las gracias por existir. Imaginariamente, claro, porque jamás le he dicho ni una sola palabra. Ni siquiera aquella vez que se acercó para pedirme ni recuerdo qué. La miré embobado y fui incapaz de responder. Ni la oí. Solo la vi mover los labios tan cerca de mí, que mi corazón parecía que iba a salírseme del pecho. Latía tan fuerte que es lo único que escuché. Desde entonces Mateo se burla de mí. E intenta dejarme en ridículo delante de ella cada vez que pasa por nuestro lado. Y esta vez Fran se carcajeó con él. No me lo podía creer. Le di un empujón y me largué a casa furioso. La tomé con la comida al llegar, protesté y se montó una buena. Gritos de mamá, bronca de papá, y el enano mirándome con cara de susto. Porque cuando me cabreo se me va un poco la pinza y no controlo, tengo que reconocerlo,  me pongo demasiado violento. No con ellos, eh, que no soy un puto pirado, le di una patada a la silla, y del puñetazo en la mesa volqué las lentejas. En resumen: castigado hasta nuevo aviso, sin Play y sin salir el fin de semana. Y sin galletas para merendar al parecer, ya que mamá me dijo sacándomelas de delante: “Cómete las lentejas si tienes hambre”. Miré para lo poco que me quedaba de la manzana al recordar lo que tocaba para comer. Hasta está rica y todo. No hay nada como un estómago vacío para agradecer lo que le echen. 


¡Joder, cuándo parará este maldito pinchazo en las sienes! Me van a estallar las venas de lo pasado de vueltas que estoy. Es porque me siento culpable. Me pasé con Fran. No fue un simple empujón. Lo zapateé contra el suelo de mala manera y se jodió otra vez el hombro. Acaba de recuperarse de una lesión. Y yo soy tan capullo que por mi culpa igual se pierde lo que queda de temporada. Lleva siendo baja tres semanas y ya perdimos dos partidos, empatamos el otro de milagro. Es el mejor base de la liga. Tanto que hay varios equipos grandes interesados en él. Y ahora lo tiene crudo si no se da recuperado a tiempo. Y todo porque soy tan orgulloso que no soporto verlo reírse de una broma estúpida... Será mejor que lo llame. Lo dejé allí tirado. El grito de dolor se me quedó gravado. ¡Mierda! ¡Seré gilipollas! De camino a casa casi me rompo la mano contra un muro. Qué más da, no quiero ser cirujano, y yo poco futuro tengo en el baloncesto. Voy por él. Porque llevamos jugando juntos desde que éramos unos enanos. Y porque alucino viéndolo jugar. Es mi ídolo. Mi mejor amigo es mi puto ídolo.    

No lo coge. ¡Será...! “Oye, quiero hablar contigo”, le escribo por Whatsapp. Lo ve, pero no responde. “Coge el puto teléfono, ok?” “¿Y ahora qué cojones quieres? ¿Regodearte de tu hazaña?”, casi me gritó. “Lo siento, tío, se me fue la olla...” “¡Me cago hasta en tu p...! ¡Bah! ¡Déjalo no merece la pena! ¡Ahora ya está! ¡Otras dos semanas sin tocar bola, como mínimo! ¿Estás satisfecho?” “Sabes que no, que me cortaría los dedos si con eso pudieses jugar tú en mi lugar.” “Bueno, no te pases, que tampoco es eso... Siento haberme reído, tío, pero es que Mateo es la caña, tienes que reconocerlo, las paridas que dice son la hostia, me parto con él.” Volvió a carcajearse recordando su comentario y ya no me pareció tan mal, es más le di la razón. Mateo es un cachondo, las suelta sin pensar y mola. Es listo para eso. Para lo demás es un puto desastre, no aprueba ni una, pero bueno... Que es un crack. “¿Vuelves a usar cabestrillo?”, quise saber realmente preocupado. “¡Qué remedio!”, reconoció más calmado, “De todas formas tampoco las tenía todas conmigo, ¿sabes? No sé, me daba la impresión de que todavía no estaba al cien por cien.”

Nos tiramos media hora de charleta. Y sin darme cuenta el dolor se fue por donde había venido. Por algo es mi mejor amigo. Un capullo integral a veces, eso sí, pero igual que yo, supongo, cuando me pongo gilipollas. El enano apareció en la terraza nada más colgar y se me lanzó al cuello sin previo aviso. Venía ataviado con una de sus máscaras y una toalla roja a modo de capa, y me gritó: “¿Jugamos unas partidas a la Play?” “Castigado, ¿recuerdas?” “Pues entonces ven a mi cuarto y te enseño lo que he construido, porfa” No me apetecía nada que me contase sus chorradas de Clash Royale, además tenía que ponerme a estudiar de una vez ahora que se me había pasado la tontera. “¡Porfa, porfa! ¡Es que es como una fortaleza! ¡Me ha quedado muy chula la torre, en serio!”, insistió al darse cuenta de las pocas ganas que tenía de ir, entonces levantó la máscara sonriendo de oreja a oreja como un niño bueno y puse los ojos en blanco. Volvió a gritarme al oído, esta vez sus muestras de alegría casi me dejan sordo. “Está bien, iré, pero no me chilles, que pareces un chimpancé.” Imitó los gestos del mono y lo agarré por la cintura para echármelo al hombro. Le dio un ataque de risa porque le hice cosquillas sin querer y me reí con él. Es tan inocente que se conforma con nada, con tal de que le haga un poco de caso ya está contento. Me senté en su alfombra preferida, esa horrorosa de colorines que imita un circuito de coches, y atendí pacientemente a sus explicaciones. A ver, vale, estaba pensando en lo guapa que estaba Mónica esta mañana, pero bueno, me quedé allí con él un buen rato, que al final es lo que cuenta, ¿no?  

by Eva Loureiro Vilarelhe

10 comentarios:

  1. Hola Eva, lo cotidiano narrado de una manera excelsa y variopinta...
    Gracias, pasa buen día, besos lorquianos..

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    1. Muchas gracias, Don Vito, un placer que me lea. Besos como más guste...

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  2. Bonita manera de contar uno de esos días cualquiera y las preocupaciones que parecen enormes y se magnifican en algunas épocas.
    Consigues que se "vea" perfectamente toda la escena, narrada con un ritmo ágil y muy ameno.
    Saludos y feliz finde

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    1. Muchas gracias por pasarte, Contxita, y tener la amabilidad de dejar un comentario tan elogioso. Me alegro de que te haya parecido ameno, el tema no lo es tanto, pero creo que el protagonista va aprendiendo a relativizar a fin de cuentas, ya que acaba por reconocer lo que realmente tiene más importancia. Saludos y feliz fin de semana para ti también ;)

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  3. Hola Eva, delicioso relato sobre la adolescencia y todos sus aspectos, desde la relación con los hermanos pequeños, los amores imposibles, los rifirrafes con los amigos y los problemas con los padres. Cada aspecto con su lenguaje perfecto para la ocasión. Una narración encantadora para una época difícil.
    ¡Un abrazo y feliz lunes!

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    1. Gracias por leerme, Ziortza. Me alegro de que te haya gustado, he tratado de plasmar esos momentos difíciles que se viven en la adolescencia y que deben ser tenidos en cuenta, puesto que para sus protagonistas resultan trascendentales... ¡Muchas gracias por tu amable comentario y un abrazo!

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  4. Es el relato del día a día de un adolescente,... natural como la vida misma. Estupendo relato Eva!

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    1. Muchas gracias por pasarte, Baile, y por ser tan amable de dejar un comentario. Me alegro de que te haya gustado :)

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  5. Tienes magia para contar, Eva. Una etapa de la vida en la que todo está en ebullición, las relaciones con los padres, con los hermanos, los amigos, las chicas. Los cachorros que poseen esa vitalidad, esas ansias de comerse la existencia, que se topan con límites, que se equivocan, pero que van moldeando sus valores, en ese primer ámbito social que es, indudablemente, la familia con la madre a la cabeza.
    Y ese don para narrar, en este caso lo utilizas para acercarte con la lupa literaria a esa edad, con el buen uso que haces del lenguaje propio de los chicos, esa recreación propia de los adolescentes y que, en tus manos, es la herramienta fundamental para modelar este relato.
    Es un placer, como siempre, leer tus jugosos textos. Son siempre deliciosos.
    Un beso.
    Ariel

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    1. Deliciosos resultan tus comentarios, Ariel, eres muy magnánimo conmigo, pero me congratulo de que llamen tu atención de alguna manera para que sigas pasándote por aquí con frecuencia. Tienes razón en cuanto a la adaptación de mi lenguaje al del chico protagonista, pretendía precisamente eso, hacer notar que su léxico se adecúa al contexto en el que se mueve, y así evita palabras mal sonantes con su hermano pequeño, sin preocuparse por hacerlo cuando dialoga consigo mismo... es un rasgo que lo honra en cierto sentido, pues prevalecen los valores que le han inculcado en su familia, como demuestra con su arrepentimiento por dejarse llevar por la ira. En fin, he intentado al menos hacerlo notar de algún modo, me alegro de que lo hayas percibido. Muchas gracias una vez más por leerme y aquí te espero, Ariel. Un beso.
      Eva

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