jueves, 22 de junio de 2017

Noche de San Juan


Miguel se apresuró a bajar las escaleras, llegaba tarde, seguramente llevarían esperándolo ya un buen rato y prefirió evitar el ascensor por no arriesgarse a perder tiempo con la parsimoniosa conversación de algún vecino. En el rellano junto a los buzones se secó el sudor de la frente con el antebrazo, se miró en el espejo del portal para comprobar que ya tenía lamparones húmedos bajo las axilas, menos mal que había optado por el negro, ya que aun así se notaban bastante. Predecible con las altas temperaturas de los últimos días, semanas mejor dicho, le parecía que no había pasado nunca un junio tan infernal, recordó entonces los recreos a pleno sol a final de curso en el instituto y una sonrisa asomó a sus labios de inmediato. 

Es la primera vez que sonríe conscientemente desde que Laura lo dejó, hace un mes escaso. Crónica de una separación anunciada, en realidad, pero siempre duele. Quizás porque uno se acostumbra a la presencia del otro de tal manera, que resulta raro cuando ya no tienes a quién darle los buenos días somnoliento cada mañana. En el fondo se alegró secretamente de que sucediese con la suficiente antelación como para estar solo en una fecha tan especial para él, es decir, sin pareja, porque estaría rodeado de todos sus amigos. Desde no recuerda cuándo decidieron reunirse para celebrarlo juntos, por los viejos tiempos. A los chicos y chicas de la pandilla se habían ido uniendo las respectivas y sucesivas parejas de cada cual, además de los críos que nacieron fruto de esos amores más o menos duraderos. 

Pero indudablemente conservar los lazos de su amistad es un motivo más que suficiente para conseguir arrancarlos de sus quehaceres cotidianos, incluso salvando las variables distancias desde las que tenían que desplazarse para acudir a su ineludible cita anual. Únicamente está permitida la ausencia por causas de fuerza mayor, o catástrofes naturales, porque a Javier, el culo inquieto del grupo, en una ocasión lo pilló una imprevista tormenta de arena en el Sahara y no pudo acudir, aunque se vio obligado a presentar fotos y justificantes de la demora de su vuelo para corroborar la historia; o a Isa, a quien fueron a visitar en bloque al hospital cuando nació Juanito justo antes de empezar la fiesta, y tuvieron que salir a toda prisa para que las matronas no los echasen a patadas por revolucionarles toda la planta; y, por supuesto, siguen brindando cada año en memoria de Pablo, desde que falleció en aquel desgraciado accidente de moto. 

Las hijas de Marisa se le lanzaron al cuello en cuanto lo vieron aparecer por la esquina y Óscar se acercó para saludar a su padrino. “¡Caramba, chico, cada día estás más alto! Dentro de nada superas a tu padre...”, le dijo cogiendo la mano que le ofrecía en señal de camaradería, sorprendido de que ya tuviese que mirar hacia arriba para observar los cambios en su rostro pecoso de adolescente. “¡Eso sí, no veo barba ni bigote por ningún lado, chaval!”, exclamó entre risas y el aludido refunfuñó algo así como “¡No empieces con eso, anda!” Acto seguido sintió una fuerte palmada en la espalda y se giró para hacer lo propio abrazando al padre de su ahijado. “No sé cómo te las arreglas para llegar siempre tarde, si eres el único que todavía vive en el barrio...”, le recriminó con cariño David, su mejor amigo. “¡Es precisamente por eso!”, gritó desde unos metros más allá María, “¡Si es por él, vendría en pijama y zapatillas!” “Bueno, bueno,” intervino Rubén acercándose, “no os paséis tanto que se ha puesto camisa y todo...” Miguel se fundió en otro cariñoso abrazo y continuó haciéndolo hasta que no quedó nadie sin saludar. Sus siete amigos del instituto se habían convertido en más de una veintena, acaparando media barra de una de las carpas montadas en la explanada que queda detrás del antiguo colegio. En su día algunos de ellos habían frecuentado sus aulas, pero ahora está irreconocible tras convertirlo en un centro cívico dedicado casi exclusivamente a realizar actividades para entretener a los ancianos que continúan viviendo por los alrededores. 


Él es de los pocos jóvenes de entonces que se negó a marcharse, la mayoría habían ido abandonando paulatinamente sus hogares para buscarse un futuro en sitios donde las oportunidades no faltasen. Sus padres no pudieron permitirse el lujo no ya de pagarle la carrera, que con sus notas y a base de becas podría ir sacando, sino de mantenerlo viviendo fuera cuando a duras penas les llegaba para hacer frente a los gastos sanitarios de su hermana. Jamás los culpó, podría haber intentado buscar un empleo y pagarse él mismo los estudios, pero no quiso irse lejos y se quedó para echarles una mano con ella. Estudió un curso de electrónica para poder dedicarse a arreglar electrodomésticos a domicilio y en un principio no le fue mal, pero poco después de morir Clara las cosas cambiaron a peor. Cada vez tiene menos clientes, las continuas ofertas de las grandes superficies animan a la gente a tirar y no reparar, además de que el barrio pasó de ser el de mayor densidad poblacional a parecer un desierto de hormigón, y en cierto sentido se alegró de que sus padres no fuesen testigos de ello, al morir unos años después que su hermana. Va trampeando con los viejos que lo llaman hasta para que les mire un grifo que gotea, no es su especialidad, pero se las arregla para hacerles la chapuza en muchas ocasiones simplemente a cambio de unos huevos recién traídos de la aldea, porque la pensión tampoco es que les dé para mucho más. 

Y no se queja, gana lo justo para subsistir gracias a que su padre logró acabar de pagar su humilde piso a tiempo, no es gran cosa, pero a él le llega, tiene el que fue el dormitorio de sus padres repleto de cachivaches obsoletos, porque nunca se sabe, puede necesitar algún cable o una pieza para algo, ya que se dedica a echar una mano en la asociación vecinal para mantener el barrio mínimamente en condiciones. Si una farola se estropea el Ayuntamiento tarda una eternidad en saberlo siquiera, así que para qué hacer esperar a quien puede dar un traspiés con luz y todo. Es consciente de que con su estilo de vida tampoco tiene mucho que ofrecer, por eso no le extraña que las mujeres pasen de largo en cuanto se dan cuenta de que no piensa cambiar. Hasta le parece bien, prefiere seguir así, solo, de hecho es el único que nunca acude acompañado a la reunión, albergando la esperanza de que aparezca de la nada la misteriosa chica que lo dejó marcado para siempre.   

Fue el año en que acabaron el instituto, tan sólo Julián tuvo que repetir el Selectivo en septiembre, el resto lo superó con suficiente nota para conseguir matricularse en la carrera que querían, o en otra similar, y él se consolaba pensando que podría haber estudiado Telecomunicaciones sin problema si sus circunstancias fuesen otras. Hasta el padre de David reconoció que era una pena que desaprovechase su talento haciendo FP, a lo que él respondió orgulloso que ante todo estaba el bienestar de su familia y este entonces le acarició la cabeza paternalista, claudicando ante su decisión, concediéndole al menos una madurez inusitada para su edad. Fue precisamente su mejor amigo el primero en irse, estudió COU en Massachusetts, varios equipos de la NBA estaban interesados en que hiciese la carrera en Estados Unidos y el chico cogió el tren que pasaba por su puerta sin pensárselo dos veces. Regresó poco antes de San Juan y pasaron varias noches en vela para conseguir ponerse al día de lo que se habían perdido aquel curso.

Se reunieron en el descampado como habitualmente, en aquella época la mayoría fumaba o bebía a escondidas, por lo que no podían apoyarse en la barra tan descaradamente delante de sus padres. Los de Miguel estaban apostados junto a la silla de ruedas de Clara y él pasó a despedirse antes de que le brillasen demasiado los ojos al calor de la luminaria. Esa noche no tenía horario, disfrutando de su recién estrenada mayoría de edad, y su madre le recordó que no volviera muy tarde, que era incapaz de dormir hasta que lo sentía abrir la puerta. Se lo aseguró a sabiendas de que incumpliría su promesa, y la achuchó efusivamente, atolondrado por el par de cervezas que ya llevaba en el cuerpo. Ella lo observó alejarse preocupada, sin imaginar siquiera que ya no volvería a ser el mismo. Él y sus amigos siguieron brindando por todo lo conseguido y por lo que les deparaba el futuro, hasta que acabaron sentándose junto al resto de jóvenes en un lugar un tanto apartado, hipnotizados por el poder del fuego.

Las conversaciones se daban entre los más próximos, a lo sumo por parejas, y se escuchó contar un chiste en alto desde otro grupo de adolescentes que los obligó a reírse a carcajadas. En su ataque de risa Miguel golpeó sin querer a quien se sentaba a su lado, y al ir a disculparse se sorprendió de verla allí. No le sonaba ni de vista, cuando generalmente conocía a cada uno de los que acudían a la fiesta del barrio y se quedó deslumbrado con la palabra en la boca. Sus oscuros iris reflejaban la calidez de la hoguera, le entraron ganas de acariciar su aterciopelada tez morena y su melena negra lisa le rozó el brazo ondeando con el viento. Se le antojó tan suave como la seda y fue incapaz de dejar de mirarla embobado, hasta que ella bajó la vista sonriendo tímidamente y a él le pareció estar delante de una diosa. David fue quien lo sacó de su ensoñación sin reparar siquiera en la chica, diciéndole que iban a buscar más cervezas. Le gritó que fuesen yendo al verlo alejarse sin mirar atrás y se giró hacia ella de nuevo, temiendo que hubiese sido fruto de su imaginación. 


Pero no, la chica más maravillosa que había visto en su vida seguía allí sentada a su lado, y él no tenía ni idea de qué decirle para no ahuyentarla. Se devanó los sesos buscando algo apropiado para no quedar como un imbécil, lamentando estar todavía medio aturdido por el alcohol, consciente de que su expresión de tonto al mirarla sería sin duda la impresión que le estaba dando. Fue ella quien rompió el silencio, preguntándole si pensaba pasarse la noche sin abrir la boca o es que le había comido la lengua el gato. Sonrió él entonces sonrojándose y sin saber muy bien por qué, se decidió a hacerle un exhaustivo relato sobre su intrascendente biografía, que a ella le pareció de lo más fascinante, a juzgar por la atención con la que seguía el hilo de su narración. Miguel entró en barrena, viendo cómo ella lo observaba absorta, y hasta le confesó los pinchazos de envidia que sentía al saber que todos sus amigos podrían realizar sus sueños mientras él tendría que resignarse a no luchar por los suyos. 

“¿Cuáles son?”, lo interrumpió cogiéndolo totalmente por sorpresa y parpadeó perplejo pensando que quizás no había escuchado ni una sola palabra de lo que le había contado. “Acabo de decírtelo, me encantaría poder estudiar Telecomunicaciones”. Ella meneó la cabeza divertida. “No me has entendido. Ese es sólo un proyecto. Irrealizable, además por lo que me acabas de decir. Me refiero a tus sueños desde niño.” Entrecerró los ojos examinándola más detenidamente. Juraría que era más joven que él, sin embargo, su manera de expresarse le llevaba a pensar que era mayor, mayor incluso de la edad que aparentaba. Nunca había estado con una chica igual. A decir verdad no había estado con muchas, algún beso y roce en la oscuridad de la discoteca los fines de semana y poco más, de su pandilla le gustaba Helena, y ¿a quién no?, siendo tan guapa como era, todos sus amigos babeaban por ella, en vano evidentemente, saliendo como salía con el chulo del instituto desde primero, y eso que no era nada tonta, pero no tenían nada que hacer contra unos músculos superdesarrollados para un chico de su edad, a decir verdad, su debilidad por los atletas se demuestra en el hombre que escogió como marido. 

En fin, que la miró ensimismado unos instantes antes de responder. “Soñaba con que encontraban la cura para mi hermana, y yo veía tan felices a mis padres al verla sana que se me llenaban los ojos de lágrimas al despertar. Y en el peor de los casos, soñaba con que yo mismo inventaba una máquina que le ayudaba a andar y a respirar sin dificultad. Que la cogía de la mano y la llevaba a todos los sitios a los que nunca fue. Al patio del colegio, de excursión al campo, a la playa, o a la piscina. Y me bañaba con ella sin temer que de repente se le parara el corazón por el esfuerzo que le supone cualquier movimiento... Pero a lo único que llego es a arreglar la tele cada vez que se estropea.” Su voz era apenas imperceptible al pronunciar su última frase y ella le cogió la mano entrelazando sus dedos con sumo cuidado. Miguel no se atrevió a levantar la vista del suelo, cohibido como estaba por si descubría la humedad en sus ojos, y fue ella quien le irguió el mentón con su mano libre. “Si sueñas con la felicidad de tu familia, no es de extrañar que sacrifiques la tuya por la de ellos de manera tan generosa. Eres un chico muy especial.” Sus palabras lo cogieron de nuevo por sorpresa. ¿Eres tú quién me habla, o toda una mujer escondida en tu apariencia de chica? La calidez aterciopelada de sus iris lo cautivaron y sintió una punzada en el pecho, te besaría sin tregua el resto de la noche, pensó fantaseando al reparar en sus labios entreabiertos.

Sentirlos devorando los suyos supuso una revolución para sus sentidos, notó el deseo aflorando por cada poro de su piel, sus miembros descontrolados tratando de acariciar cada centímetro de la de ella, el calor que lo invadía que no tenía nada que ver con el de la lumbre que crepitaba en el centro de la explanada, el perfume que desprendía su cabello embriagándolo mucho más que la bebida que se arrepentía de haber tomado, por nublarle el entendimiento en un momento tan fundamental de su existencia, el torbellino de preguntas sin respuesta que se agolpaban en su mente. ¿Quién eres?, ¿De dónde sales?, ¿Por qué has tardado tanto en aparecer en mi vida? Y los interminables segundos que siguió sintiendo su lengua enredándose con la suya que le parecen siglos cada vez que los rememora, porque jamás volvieron a besarlo de semejante manera. Y nunca lo sintió de una forma tan viva como aquella. Fue mucho más que un beso. Ahora podía decirlo. Fue reconocerse en otra persona como nunca había hecho antes. En ella. Y su recuerdo se le quedó grabado a fuego en la memoria.

Por eso acude con sus mejores galas para reunirse con sus amigos cada San Juan, con la esperanza de que aparezca de la nada del mismo modo que lo hizo en aquella ocasión. Desapareciendo de idéntica manera poco después de dejarlo sin aliento con el corazón a mil por hora. La chica misteriosa, como la llama David, al único al que le confesó la historia, porque nadie la vio, nadie la conocía, pese a que la buscó y preguntó por ella por todo el barrio durante semanas. Llegaron a la conclusión de que igual era una bruja buena atraída por la luminaria de la inofensiva celebración tradicional del solsticio de verano, porque eso fue precisamente lo que consiguió, hechizarlo con su lengua de fuego dejando para siempre marcada su alma. Su mejor amigo llegó a creer que lo había soñado todo, o que se trataba de una alucinación provocada por la cantidad de cervezas que se habían tomado con apenas nada en el estómago. Sin embargo Miguel sabe que fue real, ya que ni en el mejor de sus sueños lo hubiesen besado de tal forma, su imaginación no da para tanto, así que espera tener más suerte este año, porque en una noche mágica como esta cualquier cosa puede suceder... Como que una mujer desconocida te bese como nunca dos veces en la vida.

by Eva Loureiro Vilarelhe


14 comentarios:

  1. Estupenda historia al calor de una hoguera. Una noche mágica, una aparición que parece sacada de los mejores sueños, el amor idealizado que tal vez toma cuerpo en esa noche en la que el día comienza a perder la guerra eterna con la noche.
    Recuerdos adolescentes has conseguido sacar...
    Saludos!

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    1. Muchas gracias por ser tan amable de dejar un comentario, David. Me alegro de haber sido capaz de retrotraerte a esos momentos mágicos de la adolescencia que todos hemos experimentado en alguna ocasión, porque idealizados o no, forman parte de lo que somos... ¡Un placer que te pases por aquí, saludos!

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  2. Me ha gustado mucho el relato Eva, has ido envolviéndonos progresivamente, viendo un reflejo en esa sencillez y cotidianeidad de barrio, compartir amistad, experiencia y sueños fracasados.

    Y con esta pregunta, (creo que muchos deberíamos hacernos cada poco), ¿cuáles son tus sueños? Ya se ha convertido en una noche mágica del todo.

    De vez en cuando necesitamos, que alguien nos recuerde que somos especiales, a nuestro modo.

    Besos.

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    1. Muchas gracias por pasarte y ser tan amable de dejar un comentario, Irene. Estoy totalmente de acuerdo contigo, que alguien nos recuerde lo especiales que somos, porque todos lo somos en un u otro sentido, es fundamental para afrontar el relativo fracaso que suponen los sueños incumplidos, o al menos para seguir tirando ante una realidad tan dura por momentos como con la que tiene que lidiar Miguel... Gracias otra vez y feliz fin de semana. Besos

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  3. Bonito relato Eva. Sobre todo el "tempo" que utilizas, se traslada a la historia e incorpora los recuerdos pausados, pero todavía muy vívidos, del personaje. Solo espero que la noche mágica haya obrado el milagro. Feliz fin de semana!

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    1. Muchas gracias por tu amable comentario, Baile, encantada de que lo hayas disfrutado y ojalá estés en lo cierto y se produzca el milagro, porque en esas noches mágicas siempre sucede alguno... ;) Igualmente, ¡feliz fin de semana y gracias por pasarte!

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  4. Bonito y mágico relato, ojalá en esa noche mágica tu protagonista haya encontrado a la mujer misteriosa y ojalá sea en esa noche que se cumplan sus sueños.
    Me ha gustado el tono del relato, un tanto melancólico entretejiendo esas vidas alrededor de la noche más corta del año.
    Espero que por extensión y aprovechando que aún está muy cerquita se cumplan todos nuestros sueños.
    Un beso y feliz día

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    1. Muchas gracias por tus amables palabras, Conxita, me alegro de que te haya gustado, y tienes razón hay noches mágicas ideales para que todos los sueños se cumplan, y para olvidar al menos durante unos instantes la melancolía que como en el caso de Miguel invade nuestra existencia. ¡Feliz fin de semana! Besos

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  5. Qué relato tan precioso paa una noche tan mágica. A veces sobran las palabras y, sin embargo, nos da miedo no saber qué decir...
    Genial, Eva.
    Un beso

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    1. Muchas gracias por pasarte y dejar ser tan amable de dejar un comentario, Chelo. Me alegro de que te haya gustado, y sí, sin palabras también se pueden decir muchas cosas... Besos, Chelo

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  6. Precioso y mágico relato Eva. Nos vamos sumergiendo en una noche tan especial de la mano de la vida cotidiana de Miguel, hasta que aparece la fantasía y él puede expresar sus sueños y deseos.
    Espero que algún años se materializa en el amor que espera.
    Enhorabuena por tu relato, Eva, aunque he llegado un poco tarde (por lo de San Juan) me ha encantado.
    Un besazo guapa.

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    1. Nunca es tarde, Ziortza, al contrario, siempre es de agradecer que te pases y dejes un comentario, muchas gracias por hacerlo. Es un placer que te haya encantando, para mí también es una noche especial en la que salen a relucir los deseos más íntimos de aquellos que se dejan contagiar por su magia... Un besazo para ti también :)

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  7. Eva ¡qué maravilla de relato! Le has dado a Miguel una noche inolvidable. Hasta cierta parte del relato, realista, leía tu cuento ensimismado con el enamoramiento a primera vista de este chico con la chica que lo había encandilado, como un regalo que se le ofrecía a su vida plagada de desencantos. Laura lo ha dejado, no ha podido seguir estudiando, se ha quedado en el barrio que se aleja del progreso, se gana la vida en forma ajustada, haciendo trabajos intrascendentes. Y de repente aparece ella, en esa noche mágica, en un beso hermoso, inolvidable, para luego desaparecer misteriosamente. Y, allí, aparece la magia de esa noche tan especial, en la que aparece y desaparece, como en los grandes cuentos, como en la fabulosas historia de amor.
    Un cuento para enamorarse, una belleza de relato, me has hecho pasar un momento estupendo. ¡Enhorabuena! Eva.
    Un beso.
    Ariel

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    1. Gracias por tus hermosas palabras, Ariel, el ir y venir del presente al pasado y viceversa de la historia de Miguel creo que adereza su triste historia con un rayo de esperanza, la que le confiere precisamente no perder la fe en volverse a encontrar con la chica de sus sueños... Un placer que te haya gustado, y un honor que te detengas a leerme una vez más. Un beso.
      Eva

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